Lo he retirado, y lo he lanzado por la puerta del aseo con rabia, enfadado con la situación y sintiéndome víctima de una broma pesada. A los dos minutos se ha activado sola la cisterna inteligente de los cojones. No sabía si reírme o llorar, o ambas cosas al mismo tiempo.
Me siento el personaje de un macabro juego, me siento un monigote encerrado en una casa de muñecas, me siento ratón de laboratorio, me siento timado, secuestrado, estafado, ultrajado, jodido, asqueado, deprimido, desesperado... Me gustaría tener delante al cabrón responsable de todo esto para poder desahogarme.
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